
Pues sí, amiguetes. Este blog también tiene su afán divulgativo y hoy abrimos esa serie del mundo de lo desconocido con una pregunta simple de difícil respuesta. ¿Cómo narices salen tan bien las rayitas de la pasta de dientes cuando estrujamos el tubo?
¿Duendes en el interior? ¿Magia? No. La respuesta es sencilla.
Porque hay varios métodos. Uno de ellos consiste en rellenar el tubo de pasta dentífrica blanca y colocar -paralelas a las paredes del mismo- cuatro tiras de crema dentífrica de color. Al presionar el tubo, la pasta blanca y la de color salen juntas, pero sin mezclarse.
Otro de los sistemas más utilizados precisa un inyector-mezclador. Junto al tapón, y a lo largo de un centímetro, el tubo se encuentra repleto de crema dentífrica de color. Desde la abertura hacia el interior del tubo sale un estrecho cilindro que atraviesa la pasta de color. Éste lleva cuatro minúsculos orificios, colocados lateralmente. Cuando se aprieta el tubo, por el orificio central sale la pasta blanca, y a través de los orificios laterales se vierte la pasta coloreada. La marca pionera en emplear esta técnica fue Signal, en 1961.
Hala, un misterio ya ha sido resuelto. Volveremos.

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