
Me encanta la música, no puedo entender mi vida sin su compañía. En el trabajo, en casa, en el coche... es raro verme sin que esté escuchando música. Y no tengo gustos refinados. Me gusta, simplemente, la música que me emociona.
Hace un par de días hice un exhaustivo proceso de selección para cargar mi mp4. Evidentemente, mis grupos estrella no podían faltar. Ahí estaban Metallica, Iron Maiden, Rage Against the Machine, Soziedad Alkoholika, KoRn, bandas sonoras de películas, música en euskera... Pero hay dos canciones que siempre están presentes.
Por un lado está el Canon de Pachelbel. Una pasadita por Youtube es suficiente para encontrarte esta pieza de cientos de maneras. Versiones para violín, piano, guitarra eléctrica (hay un par que se salen; para interesados tengo los links)... pero yo me quedo con la que interpreta la Filármonica de Berlín a la batuta del mítico Von Karajan. Sublime.
Pero en lo que a emociones se refiere ninguna supera a Barcelona, cantada por Monserrat Caballé y el mítico, extraordinario, inigualable, legendario (aquí poned el epíteto que os guste) Freddie Mercury. Cada vez que la escucho se me pone la piel de gallina. Es impresionante el vendaval de voz que desatan ambos. Porque la Caballé se sale, pero ahí está el gran Freddie dándole el contrapunto de manera brutal.
Vivió al límite y cantó al límite. Vaya si cantó al límite.
8 de octubre de 1988. Éste es su última actuación sobre un escenario.

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